Por: Dr. Alexandro Guevara
¿Y cuando se agote el diálogo? Más diálogo.
Para quienes entendemos la comunicación como un proceso de construcción de hegemonía, la comparecencia de la Secretaría de Gobierno, bajo la conducción de Jesús Romero López, debe leerse como un manifiesto de la Primavera Oaxaqueña. No estamos ante la fría numeralia de un funcionario de escritorio, sino ante la sistematización de un proyecto que busca desmantelar las viejas estructuras del régimen autoritario para dar paso a una política de izquierda, territorial y profundamente humanista.
Durante décadas, el Estado neoliberal en Oaxaca respondió al disenso con el garrote o la cooptación. La estrategia “Hablamos, No Bloqueamos” que encabeza Romero López representa un giro de 180 grados: es la institucionalización de la escucha.
Desde una óptica de izquierda, la reducción importante en los bloqueos no es un éxito de “orden público” per se, sino un triunfo de la política sobre la fuerza. Se ha entendido que el bloqueo es el síntoma del abandono histórico; al atender la causa raíz, se devuelve la dignidad al luchador social. Hoy, el gobierno de Salomón Jara, a través de la SEGO, no ve en el manifestante a un enemigo del orden, sino a un sujeto de derechos con el que se debe construir consenso.

Oaxaca ha sido el escenario de una guerra silenciosa por la tierra, alimentada muchas veces por el olvido estatal. El informe destaca la resolución de 37 conflictos agrarios históricos. Esto no es solo un trámite jurídico; es un acto de reparación histórica.
El programa de Paz Territorial rompe con la lógica de “administrar el conflicto” para beneficiar a cacicazgos locales. Al llegar a los territorios más recónditos de la Mixteca o la Sierra Sur, la SEGO está operando una verdadera reforma agraria desde la mediación, garantizando que la tierra sea, por fin, un espacio de vida y no de muerte. Estamos presenciando la transición de un Estado que dividía para reinar a uno que une para transformar.
Hay respeto a los Sistemas Normativos Indígenas. En un mundo que globaliza y homogeniza, que Oaxaca haya logrado un 96% de efectividad en sus procesos electorales comunitarios es un grito de resistencia cultural.
La SEGO ha fungido como garante de la libre determinación, alejándose de la tentación paternalista de intervenir en la voluntad de los pueblos. Además, la reciente jornada de Revocación de Mandato —ejercicio inédito en nuestra historia— es la máxima expresión de la izquierda democrática: el pueblo pone y el pueblo quita. Es la transferencia del poder real a las bases, rompiendo el ciclo del político inalcanzable.
El camino no es llano. Los estertores del viejo régimen aún intentan boicotear la paz en regiones críticas como la Triqui. Sin embargo, el informe de Jesús Romero deja claro que la Secretaría de Gobierno ha dejado de ser el brazo ejecutor del poder para convertirse en el articulador de las esperanzas populares.
La gobernabilidad en Oaxaca hoy tiene un sello de clase: es para los olvidados, para los comuneros, para las mujeres y para los pueblos originarios. La gestión de Romero López demuestra que, desde la izquierda, es posible gobernar con orden sin sacrificar la justicia, y con firmeza sin abandonar el corazón.
“Reflexiona, soldado, hermano nuestro”. – Paulino Martínez
