Por: Dr. Alexandro Guevara
La memoria histórica es, quizás, el antídoto más eficaz contra la impunidad.
En Oaxaca, la narrativa del transporte público ha sido, durante años, una herida abierta en la confianza ciudadana. Como analistas de la comunicación política, estamos obligados a observar cómo los símbolos de “progreso” de administraciones pasadas terminaron siendo, en realidad, monumentos al desfalco y la simulación.
El proyecto del Citybus, impulsado durante el sexenio de Alejandro Murat Hinojosa, se nos vendió como la panacea de la movilidad urbana. Sin embargo, detrás de la pintura brillante de las terminales vacías, se gestaba un esquema de corrupción sistémica. Las cifras no mienten: las auditorías han revelado un boquete financiero que supera los 500 millones de pesos. No fue solo una falla técnica; fue un saqueo planificado.
Hoy, la justicia comienza a poner nombres y apellidos a ese agravio. La detención de Óscar Guillermo Guzmán Saavedra, exdirector Administrativo de la Secretaría de Movilidad en el 2023, por el quebranto patrimonial de 33.5 mdp al Citybus (Información brindada por la Fiscalía General del Estado de Oaxaca) confirman que durante la administración de Murat, no fue un proyecto de transporte, sino una maquinaria de transferencia de recursos públicos a manos privadas. Mientras ellos llenaban sus bolsillos, el pueblo de Oaxaca seguía atrapado en un sistema de transporte indigno y obsoleto.
También Gabino Cué habría malversado los recursos; El Universal escribió:
Los funcionarios que impulsaron la obra en el sexenio del gobernador Gabino Cué, por ejemplo, presuntamente causaron un daño al erario por 900 millones de pesos, por lo que hasta octubre de 2019 se les indagaba como presuntos responsables de los delitos de abuso de autoridad y peculado, según la fiscalía anticorrupción de Oaxaca.

No obstante, el panorama actual ofrece un contraste que merece ser analizado desde la eficiencia administrativa. La llegada del gobernador Salomón Jara Cruz marcó un punto de inflexión necesario. El hoy llamado BinniBus ha dejado de ser un “elefante blanco” para convertirse en un servicio de excelencia. No se trata solo de un cambio de cromática o de nombre; es una reingeniería profunda que ha priorizado el derecho humano a la movilidad sobre el negocio de unos pocos.
En este complejo proceso de rescate, es imperativo destacar la labor de la secretaria de Movilidad, Yesenia Nolasco. En el análisis de políticas públicas, sabemos que la visión política requiere de una ejecución técnica impecable para materializarse. Nolasco ha demostrado ser la pieza fundamental en este tablero, logrando destrabar los nudos jurídicos y operativos que la administración anterior dejó como trampas. Su gestión al frente de la SEMOVI ha devuelto la dignidad al usuario, garantizando rutas estratégicas y una operatividad que Oaxaca demandaba a gritos.
El paso del saqueo de Murat a la eficiencia del gobierno de Salomón Jara no es una casualidad. Es el resultado de entender que el transporte público es el sistema circulatorio de nuestra sociedad. Hoy, el Binnibus circula no solo con pasajeros, sino con la legitimidad de un gobierno que decidió limpiar los escombros de la corrupción para construir una movilidad con rostro humano.
La comunicación nos enseña que los hechos hablan más que los discursos. Y hoy, en las calles de Oaxaca, los hechos tienen nombre: transparencia y servicio.
“La pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos de los gobernantes” – Platón
