CineMixteca: La insurgencia del cine en Oaxaca

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Dr. Alexandro Guevara

En el complejo entramado de la semiósfera oaxaqueña, donde la identidad se debate entre la tradición y la vorágine de la modernidad líquida, surge una figura que entiende el cine no como un objeto de consumo, sino como un dispositivo de resistencia social. Su nombre es Nohelí Morales, una gestora y realizadora cuya trayectoria es, en esencia, una batalla contra la hegemonía visual que dicta qué historias merecen ser proyectadas y quiénes tienen el privilegio de verlas.

La historia de Nohelí no se gestó en las alfombras rojas, sino en el silencio de la biblioteca municipal de Huajuapan de León. Siendo hija de una madre joven que trabajaba en aquel recinto, pasó su infancia inmersa entre libros y el catálogo de películas de Video Centro. Fue allí donde ocurrió su primera mediación con el arte: su madre, en un acto de apertura intelectual, le permitía acceder a filmes complejos que desafiaban su edad y que terminaron por esculpir una sensibilidad profunda y una capacidad crítica ante la imagen.

Aquel contacto temprano con el cine era también una forma de supervivencia. En una Mixteca donde el Cine Beatriz —el espacio de asombro de su niñez— se deterioraba gradualmente hasta desaparecer, el acceso a la gran pantalla se convirtió en un lujo brutal que exigía desplazamientos de horas hacia la ciudad de Oaxaca o Tehuacán. Esta carencia estructural no la derrotó; al contrario, sembró en ella la semilla de una “terquedad” profesional: la convicción de que el cine debe ser un derecho, no una concesión geográfica.

Hoy, la labor de Nohelí se define por la itinerancia, un concepto que desafía directamente la hegemonía de las grandes cadenas comerciales. Cargar proyectores, pantallas y bocinas para transformar una plaza pública o un patio escolar en un espacio de encuentro es un acto político.

“Uno se termina fragmentando en mil; con una mano sostienes la vida y con la otra sostienes el sueño”, reflexiona Nohelí sobre la dureza y belleza de la gestión cultural independiente.

Para ella, llevar cine a las comunidades no es simplemente proyectar luz sobre una sábana blanca; es crear un espejo. Es permitir que el espectador se vea reflejado en historias que hablen su lengua, que reconozcan su territorio y que, sobre todo, le generen más preguntas que certezas. En sus funciones, el valor real no termina cuando se apaga el proyector, sino que comienza en el diálogo colectivo, en esa charla post-función donde la comunidad procesa la imagen y se apropia de ella.

Cinemixteca es un proyecto conformado también por Giovanni Rios, Luis Rivera, Regina García y Álvaro Rodríguez, juventudes entusiastas que trabajan en conjunto, de forma horizontal, para poder llevar este noble proyecto a las comunidades; están trabajando en la 5a Muestra de Cine de la Mixteca y está programada para agosto de este año, cuentan también con actividades en el Museo Regional de Huajuapan (MureH). Mantienen apertura para voluntariado en medios de comunicación, para ello pueden comunicarse a través de sus redes sociales (https://cinemixteca.com/).

En cada función itinerante, CineMixteca no solo está proyectando cine; está reconstruyendo el tejido social de Oaxaca, recordándonos que, mientras haya un proyector encendido en una plaza comunitaria, la hegemonía de la mirada seguirá siendo cuestionada por la fuerza de la identidad propia.

El avance de las cineastas mexicanas en los últimos años representa una de las transformaciones más significativas en la semiosfera cultural de México. Según los datos más recientes del Anuario Estadístico de Cine Mexicano 2025, la participación femenina ha alcanzado cifras históricas, con un incremento del 18% en la dirección, un 7% en el guión y un notable 34% en la producción respecto al año anterior. Este ascenso no es solo numérico; refleja la consolidación de una generación emergente —donde más de la mitad de las obras dirigidas por mujeres son óperas primas— que está logrando ocupar espacios de toma de decisiones en una industria que históricamente operó bajo lógicas patriarcales y centralizadas.

La importancia de su labor radica en la capacidad de romper la hegemonía de la mirada tradicional, desplazando el foco desde las grandes narrativas espectaculares hacia la intimidad, lo cotidiano y la complejidad de los conflictos sociales vistos desde el territorio. Al integrar perspectivas que visibilizan a comunidades indígenas, afrodescendientes y realidades periféricas, estas creadoras no sólo democratizan el acceso a la imagen, sino que proponen un cine de resistencia que funciona como un espejo crítico para la sociedad.

En un contexto de modernidad líquida, su trabajo actúa como un anclaje de memoria colectiva, demostrando que la soberanía cultural de un país se construye cuando la diversidad de voces tiene el poder de proyectar su propia realidad sobre la pantalla.

@Cinemixteca continúa con actividades, pueden revisar la cartelera en sus redes sociales.

“Hacer cine en México es un acto de resistencia. Pero ver cine mexicano, y verlo en comunidad, es un acto de soberanía cultural.” – María Novaro