Por: Dr. Alexandro Guevara
Hemos caído en la fascinación por los rankings de popularidad y las encuestas de “desempeño” que inundan nuestras redes sociales cada inicio de mes. Sin embargo, para quienes caminamos Oaxaca, la distancia entre el porcentaje que presume una consultora en la Ciudad de México y la realidad de nuestras comunidades no es solo una brecha métrica, es un abismo de percepción.
Las encuestadoras tradicionales suelen operar bajo una lógica de estandarización. Llaman por teléfono o aplican cuestionarios rápidos en zonas urbanas, reduciendo la complejidad de un estado multicultural a una cifra fría. Pero Oaxaca no se explica en una muestra aleatoria de 600 llamadas.
La verdadera comunicación política —la que realmente escucha— sabe que el pulso social no se mide solo con la aprobación de una figura pública, sino con la resolución de conflictos agrarios, la atención directa a las comunidades y demás. El sesgo es evidente: se mide lo que es fácil de tabular, no lo que es urgente resolver.
Muchos de estos rankings funcionan más como herramientas de propaganda que como instrumentos de diagnóstico que busca crear una percepción de éxito mediante el “efecto de arrastre”: si la encuesta dice que vamos bien, el ciudadano “debería” sentir que vamos bien. La comunicación política arregla esto, haciendo que la figura sea más cercana, con o sin números de por medio, mientras exista cercanía con el servidor siempre se podrá o no hacer caso a los números.
Mientras la comunicación política se centre en escalar posiciones en una lista nacional de gobernadores o alcaldes, se descuida el diálogo profundo. El “verdadero tema social” en Oaxaca suele estar en la asamblea y en la economía de a pie, elementos que rara vez caben en la metodología de una encuestadora que busca resultados digeribles para el algoritmo.
Además de que según la Asociación de Internet Mx, de los 70 millones de usuarios de teléfonos inteligentes (smartphones) en el país, las entidades que menos usuarios de telefonía celular tienen son Chiapas, Guerrero y Oaxaca. Y de los 82.7 millones de internautas, los dos estados que menos usuarios de internet tienen son Chiapas y Oaxaca. ¿Entonces no es conveniente medir así, o sí?
Las encuestas sirven principalmente a un grupo cerrado de personas, que no necesariamente es el pueblo.
Una comunicación política auténtica debe dar el salto de la métrica de vanidad a la escucha activa. No necesitamos más gobernantes compitiendo por ver quién es el “mejor evaluado” según una empresa privada; necesitamos liderazgos que entiendan que el éxito político en nuestro estado se mide en la paz territorial y en la dignidad de sus pueblos.
Hacer las cosas por el pueblo, desquitar el sueldo o como lo quieran llamar, pero hacer algo no por los números y encuestas sino por realmente impactar en la gente.
La distancia entre el escritorio y el territorio es donde se pierden las encuestas. Si el dato no refleja el sentir del mercado, de la Sierra o de la Costa, entonces no es estadística: es ruido. Es momento de que la política deje de mirar tanto al ranking y empiece a mirar más a los ojos, porque en Oaxaca, la percepción social se construye con hechos, no con gráficos de colores.
“Lo que no beneficia a la colmena, no beneficia a la abeja.” – Marco Aurelio
