Trump culpa a la guerra con Irán y a candidatos republicanos por derrota electoral en Estados Unidos

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, atribuyó a la guerra contra Irán y al desempeño de los candidatos de su propio partido las derrotas que sufrieron los republicanos en las elecciones intermedias del martes 3 de noviembre, en las que los demócratas consiguieron el control del Senado y la Cámara de Representantes, además de conquistar gubernaturas que durante años estuvieron en manos republicanas.

Tras conocerse los resultados, Trump reconoció que el conflicto militar con Irán influyó en el comportamiento de los electores, aunque defendió las decisiones de su administración. En una entrevista telefónica con Fox News, el mandatario admitió que la guerra fue uno de los factores que contribuyeron al revés electoral de su partido.

Uno de sus primeros señalamientos estuvo dirigido contra el gobernador de Texas, Greg Abbott, quien perdió su intento de conseguir un cuarto mandato frente a la demócrata Gina Hinojosa, convirtiéndose en una de las derrotas más significativas para los republicanos.

A través de su plataforma Truth Social, Trump acusó a Abbott de haberse convertido en un RINO, expresión utilizada para referirse a un republicano solo de nombre, y sostuvo que su cambio de postura política durante los últimos seis meses le costó la elección. La crítica sorprendió porque horas antes el propio presidente había reiterado su respaldo al gobernador texano.

El mandatario también cuestionó a otros aspirantes republicanos y aseguró que algunos de los candidatos que recibieron su respaldo terminaron enfrentándose a él, lo que, a su juicio, provocó el rechazo de los seguidores del movimiento MAGA, su principal base política.

Sin embargo, Trump reconoció el trabajo electoral de sus adversarios. Durante su conversación con Fox News admitió que los demócratas realizaron una campaña efectiva y lucharon por conseguir sus victorias, aunque rechazó asumir personalmente la responsabilidad por los resultados.

La jornada electoral dejó importantes cambios en el mapa político estadounidense. En Georgia, la demócrata Keisha Lance Bottoms derrotó al republicano Rick Jackson y se convirtió en la primera mujer afroestadounidense elegida gobernadora de esa entidad.

En Texas, Gina Hinojosa hizo historia al convertirse en la primera mujer latina elegida para gobernar el estado, poniendo fin a décadas de control republicano. Su triunfo también significó la derrota de Abbott, uno de los principales aliados de Trump en materia de política migratoria y seguridad fronteriza.

La ola de victorias demócratas también alcanzó Iowa, donde Rob Sand derrotó al republicano Zach Lahn y consiguió recuperar la gubernatura para su partido, algo que no ocurría desde 2006. En Ohio, la médica Amy Acton venció al republicano Vivek Ramaswamy, logrando otro cambio de partido en el gobierno estatal.

A nivel federal, los demócratas consiguieron recuperar ambas cámaras del Congreso, un resultado que modifica el equilibrio de poder en Washington y les permitirá frenar iniciativas legislativas, revisar decisiones de la administración y ejercer un mayor control político durante los últimos dos años del mandato de Trump.

Pese a la derrota, el presidente estadounidense adelantó que está dispuesto a negociar con los demócratas, aunque advirtió que utilizará su facultad de veto para impedir la aprobación de leyes que considere contrarias a las prioridades de su gobierno.

Las elecciones del 3 de noviembre representan así un cambio significativo en el escenario político de Estados Unidos, mientras Trump enfrenta un Congreso controlado por la oposición y un Partido Republicano que deberá revisar las causas de sus derrotas antes de los próximos procesos electorales.