Agencias
Brasil celebra este domingo 25 de octubre una de las elecciones presidenciales más disputadas de los últimos años. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, busca mantenerse en el poder frente al senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, en una segunda vuelta marcada por la polarización política, las preocupaciones económicas y la seguridad pública.
La jornada electoral comenzó a las 8:00 horas, tiempo de Brasilia, con la apertura de los centros de votación para aproximadamente 158.7 millones de ciudadanos. Las urnas permanecerán abiertas hasta las 17:00 horas, cuando comenzará el escrutinio electrónico que permitirá conocer los primeros resultados durante las horas siguientes. Además de la Presidencia, en seis estados se elegirán gobernadores.
La contienda llega prácticamente empatada, aunque Bolsonaro obtuvo una ventaja en la primera vuelta del pasado 4 de octubre, cuando consiguió el 47.03% de los votos, frente al 45.16% de Lula, una diferencia superior a 2.2 millones de sufragios. Las últimas encuestas de Datafolha y Quaest colocaron a ambos candidatos en empate técnico, con estimaciones de 51% para Bolsonaro y 49% para Lula entre los votos válidos, dentro del margen de error.
El resultado tendrá repercusiones más allá de las fronteras brasileñas. Mientras Lula representa la continuidad de una política de izquierda centrada en programas sociales y una mayor autonomía frente a Washington, Flávio Bolsonaro propone fortalecer las relaciones con Estados Unidos y mantiene una posición cercana al presidente Donald Trump. La relación bilateral se convirtió en uno de los principales puntos de confrontación durante la campaña, especialmente por los aranceles estadounidenses y las acusaciones de injerencia electoral formuladas por Lula, rechazadas por Washington.
La inseguridad, el costo de los alimentos, el endeudamiento de las familias y los señalamientos de corrupción también dominaron la disputa electoral. Bolsonaro centró parte de sus propuestas en endurecer las medidas contra la delincuencia, mientras Lula defendió los programas sociales de su administración y los avances económicos, aunque enfrenta cuestionamientos por el costo de vida y la percepción ciudadana de inseguridad.
Otro elemento que añade tensión política es la situación del expresidente Jair Bolsonaro, quien permanece encarcelado tras ser condenado por su participación en una conspiración para revertir los resultados electorales de 2022. Su hijo Flávio ha planteado la posibilidad de impulsar medidas para conseguir su liberación, un asunto que profundizó las diferencias entre ambos proyectos políticos.
Con una abstención superior a 33 millones de personas en la primera vuelta, la participación de quienes no acudieron a votar y de los electores que apoyaron a otros candidatos podría resultar determinante. Brasil definirá este domingo quién asumirá la Presidencia el próximo 1 de enero de 2027, en una elección cuyo desenlace también tendrá implicaciones para el equilibrio político de América Latina.
