Mujeres indígenas y la violencia machista

Escrito por Misael Palacios García.

a mujeres mazatecasEn memoria de las hermanas Mirabal y las mujeres indígenas mazatecas asesinadas

Un día como hoy pero del año 1960 fueron torturadas y brutalmente asesinadas las hermanas Patria Minerva y María Teresa Mirabal –conocidas como “Las mariposas” –, por órdenes del dictador Rafael Leónidas Trujillo, en República Dominicana, donde gobernó por más de 30 años.

Años después, mujeres representantes de República Dominicana y 80 países más presentaron la propuesta ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para decretar el 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la Mujer y fue aceptado el 17 de diciembre de 1999.

Por ello, este 25 de noviembre se ha convertido en una fecha significativa para visibilizar la violencia cotidiana contra las mujeres en sociedades donde las mujeres siguen siendo asesinadas, acosadas, abusadas, violadas y recibiendo malos tratos en espacios donde generalmente se cree que es el más seguro: el hogar.

¿Por qué existe el maltrato a las mujeres en comunidades indígenas donde realzamos los valores como la solidaridad, convivencia y hermandad? Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) a través de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH-2011) en Oaxaca 56 de cada 100 mujeres han vivido violencia de tipo emocional, física, sexual, económica, patrimonial y discriminación laboral. Los pueblos indígenas o pueblos originarios son parte de la estadística.

La violencia contra las mujeres también ha sido reconocida como violencia machista o violencia de género, ya que un género (masculino) construido a partir de haber nacido como varón (biológicamente) es socializado para creer que puede dominar, controlar y someter a las mujeres. El machismo, es decir, la idea de ser superior a las mujeres se expresa en la vida cotidiana en los pueblos indígenas de muchas formas como creer que a las mujeres les corresponden todas las tareas domésticas, tener bajo su responsabilidad a las personas enfermas en casa, estar a disposición de la familia para su alimento y cuidado, estar al pendiente de todos los detalles y atenciones que requiera el esposo, entre otras conductas específicas que se espere de las mujeres.

Cuando las mujeres indígenas salen de las normas esperadas o establecidas, muchos varones creen que ha sido un atentado contra ellos, hacia su autoridad y poder, la respuesta es la violencia, aún en situación de pobreza extrema hemos sido espectadores del maltrato y asesinatos de mujeres con herramientas de trabajo del campo: machete, azadón, cuchillos o el uso de leña para golpear o asesinar a esposa o compañera de vida.

Además de los malos tratos hacia las mujeres en sus hogares, las comunidades indígenas no están ajenas a otras formas de violencia contra las mujeres que han surgido en el contexto del crimen organizado como el tráfico de mujeres para fines de explotación sexual o laboral. Dichos grupos se apoyan en la escasez de empleos y las ganas de las jóvenes de trabajar fuera de sus pueblos, de manera que ofrecen vacantes que se ocultan bajo el nombre de trabajo doméstico o ventas de productos.

La alerta a las nuevas formas de violencia contra las mujeres jóvenes y niñas es una responsabilidad social y comunitaria para que las mujeres jóvenes indígenas no caigan en manos de estos grupos. Y lo más importante es reconocer que el machismo se produce y reproduce en nuestros espacios como el hogar y la escuela. Por ello tenemos que estar atentos en la construcción igualitaria de las niñas y niños. Que crezcan convencidos que ninguna persona vale más que otra.

En estos tiempos donde la violencia social y de género se agrava necesitamos de niñas autónomas, preparadas para la vida, para ser independientes emocional y económicamente, que no piensen que el maltrato es inevitable o que es parte de la naturaleza de los niños, y al mismo tiempo necesitamos niños que desarrollen empatía que quiere decir ponerse en el lugar de las demás personas, que puedan conectar y compartir sus emociones. Que los niños dejen de pensar que ser violento es la única forma que hay para ser admirados y reconocidos en la comunidad o espacios de convivencia.