Canto del Guetabraco

Escrito por Nidia Esteva.

cuicatlan antiguo

Un invento que pueda guardar el tiempo es hasta hoy algo que no ha logrado el ser humano, lo más cercano a esto son lugares que aguardan en el tiempo, bancas que han sido testigos de encuentros desde hace más de un siglo, la sombra de árboles que han sobrevivido cien primaveras, monumentos estoicos que convierten a los héroes en mitos, pero eso lugares también se transforman inevitablemente; para imaginar claramente esto existen los parques centrales de cualquier lugar que, guardan el tiempo pero también tienen algunos cambios.

La historia que cuento es común a las comunidades que se deconstruyeron desde el periodo novohispano hasta el siglo XIX. Cuicatlán, lugar que pareciera una ollita en medio de la Cañada oaxaqueña, tiene su propio parque que ha guardado el tiempo y se transforma; puedo recordarlo hace más de veinte años con sus bancas de mármol y las leyendas que hacían referencia a la persona o empresa que había donado aquel bien, con sus árboles, sus pequeños portales a los lados, su iglesia, su cancha y sobre ella una gran letrero donde se leía "Tierra del canto" y el escudo del Municipio.

Sin embargo, estoy casi segura que pocos se han cuestionado sí ese Kiosco, la banca dónde se sentaron a tomar una rica agua de mango o la cancha siempre había estado ahí. Quiero compartir sobre la fuente que existía en 1885 justo en el centro del parque de éste rincón de Oaxaca, la sociedad del fin del siglo XIX, damas y caballero, caminaban alrededor de aquella fuente, en un parque rodeado de calles de tierra, frente a él una cancha rústica, que era más un espacio para el deporte pero no propiamente una cancha de básquetbol.

Es fácil imaginar que en un pueblo aún más pequeño se escuchaba con facilidad el caer del agua, se apreciaba el reflejo luminoso y perfecto de los prismas de sol en el agua, es como regresar a los años vivos de un lugar dónde encarna el realismo mágico. Ese movimiento literario con el toque fantástico de Rulfo para describir los pueblos de México, de lugares dónde hablan los fantasmas pero existen episodios de luz y esperanza. Ahora, se vive la segunda década del siglo XXI y regresas a Cuicatlán y la fuente ha sido sustituida por un kiosco de cemento, las leyendas transcienden las generaciones, la imagen de aquel pueblo que soñó con el progreso vive en la mente de los mayores que vivieron la época dorada del mango y cuya esperanza probablemente muere con ellos.

A más de un siglo, la transformación no ha sido necesariamente progresista, se ha tornado desordenada, descuidada y sin calor, los pequeños portales se ven abandonados, la calle peatonal frente a la iglesia se llenó de ambulantes y las bancas de mármol desaparecen de forma desordenada para arrumbarse en la entrada del panteón. El progreso respeta la cultura, el monumento histórico y resguarda el pasado.

Ese Kiosco que ves, ha tenido sus momentos de grandeza con los pequeños que al subir piensan que ascendiendo a la altura de una gran torre, la sensación triunfal de aquellos que burlan la pequeña puerta de acceso, recobra vida cuando los novios hacen de éste, el sitio para besarse con el amor impetuoso de la juventud.

Descubrir en una imagen el cambio arquitectónico no tendría sentido sin la reflexión del paso del tiempo; todo cobra una dimensión más sabia si se ve en retrospectiva y miras el presente.

*Nidia Esteva, Presidenta de Amigos Cuica- Paleui A.C.